Historias desde la galería

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Experiencias y relatos de hinchas loinos

«La historia, mitad cierta, mitad ficción la contaba mi viejo cada tanto tiempo. Se supone que mi madre no la debía saber porque era un secreto entre padre e hijo. Luego incluimos a mi hermano. A mediados de la década de los 80´s mi viejo se vio en un trabajo que le significaba ir cada tanto a Calama. En uno de esos viajes se encontró con un amigo de infancia, como buenos amigos usaron el alcohol como bálsamo lenitivo para citar cada recuerdo de esos tiempos en que no existía trabajo y de paso no existían las responsabilidades. La ingesta de alcohol empujó a mi viejo, que rara vez tomaba, a una vorágine que decantó en una borrachera infinita. A partir de este punto la historia se vuelve inciert, a veces decía que sí habían ido a ver un partido de Cobreloa, a veces el escenario cambiaba y estaban en un bar escuchando el partido por la radio, lo cierto es que todos esos cambios narrativos llegaban al mismo punto. Mi viejo ve que su amigo sube a un taxi y queda en mitad de la noche. Mi viejo, entre borracho, cansado y por una polio infantil que lo obliga a cojear se ve intimidado por una jauría callejera. Asustado e inmovilizado entre la pared, la noche y los dientes de esos canes se encomienda al destino. En la esquina, o de izquierda a derecha, bajando una pendiente o subiendo la misma, porque el escenario en el relato de mi viejo cambia constantemente, aparece una camioneta llena de hinchas de Cobreloa. Los salvan, lo suben a la camioneta, le dan un termo con café, le encienden un cigarro, mi viejo recupera la noción del espacio y del tiempo. Ve el color naranja de las camisetas, de las banderas. Sonríe. Antes de bajar les jura que él y sus hijos serán de Cobreloa. Siempre. Acá estoy yo, su hijo mayor, pasado los treinta años; sigo y siempre seré de Cobreloa».- Carlos Matteoda.

 

¿Tienes una buena historia con Cobreloa?
Mándanos tu historia a clorca@huracannaranja.cl, si es buena la publicaremos en nuestras redes, y si esto agarra vuelo quizás puedan haber hasta premios. No necesariamente tiene que ser Cobreloa el protagonista o el relato estar situado en un estadio, el club puede ser la excusa para una buena historia.

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