Cobreloa fue mas grande que el Centenario

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La historia de los equipos chilenos jugando en el extranjero no era muy favorable, particularmente en Uruguay, ningún equipo nacional había podido superar la dura tarea de vencer en el Centenario, un recinto que a esa altura parecía inexpugnable para los clubes de nuestro país. Hasta que llego Cobreloa.

Por Claudio Lorca A.

Los mineros clasificaron a la Copa Libertadores 1981 tras coronarse campeones del torneo 1980, tan solo unos años después de entrar al profesionalismo los loinos ya estaban dando que hablar. En su primera experiencia internacional derrotaron a los clubes peruanos de Atletico Torino y Sporting Cristal por un marcador de 6 a 1 (en ambos partidos), ya en la segunda fase el panorama en el papel no era el mas favorable, Nacional y Peñarol serian los rivales de los naranjas, los dos grandes de Uruguay. Como previa a estos encuentros internacionales los loinos recibieron en el norte a un Colo Colo que inicio el partido con el marcador a favor, pero los mineros con fútbol y pachorra dieron vuelta el marcador para quedarse con la victoria por 3 a 1, una inyección de ánimo para la difícil tarea que se les venía, pues la calendarización de los partidos indicaba que los dirigidos por Cantatore debían enfrentar sus primeros dos partidos en condición de visitante, un jueves y un martes.

El 8 de octubre los mineros enfrentaron a un Nacional que hizo valer su condición de local para ponerse en ventaja, los zorros no se achicaron y empataron el partido con gol de Héctor Puebla en los 17 minutos del segundo tiempo. Sacarle un empate en Montevideo ya era una buena cosecha para cualquier equipo chileno, pero en los 41 minutos tras un centro rasante del mismo Puebla, aparece él que justamente fue formado en Nacional, Washinton Olivera quien con un enganche deja un rival en el camino para después definir con pierna derecha y convertir en histórica aquella jornada. Primera vez que un equipo chileno ganaba en Uruguay.

El próximo rival era el poderoso Peñarol, los carboneros se burlaban de sus rivales por haber perdido contra este desconocido equipo, decían que Nacional había cometió el error de confiarse frente a los chilenos, un error que ellos no cometerían.

El partido contra Peñarol disputado el 13 de octubre en la cancha del Centenario fue bastante duro, ningún equipo quería ceder terreno frente al rival, con el transcurrir de los minutos el portero loino Oscar Wirth se fue convirtiendo en figura al salvar en reiteradas ocasiones la portería naranja. Era un partido de dientes apretados, en 90 minutos ninguno había logrado romper el centro del otro, y cuando faltaban tan solo 40 segundos contra loina, un pase al espacio sobre la derecha para Puebla que no alcanza a llegar por ser bajado con falta, el balón se ubica a 40 metros del arco local. Olivera toma el balón y conversa con Puebla – “Trapo déjame que la tiro a la mierda ¡ya está!”, también llego al dialogo Tabilo que, ante la decisión de Olivera, y con más fe que realidad le dice –“Trapito dele con toda el alma”. El reloj marca 20 segundos para el final, el uruguayo que también había jugado por Peñarol se perfila para la zurda, toma distancia y comienza a correr a paso largo hacia el balón, él charrua se atrevió y saco un remate violento que dio algunos botes antes de entrar en la portería haciendo inútiles los esfuerzos de Alvez por evitar la caída de su valla. Alrededor de 60 hinchas loinos soltaron su emoción contenida en una mezcla de angustia y nerviosismo en un grito de gol al mismo momento que agitaban sus banderas, todo esto mientras Olivera corría en dirección a ellos. Una hazaña increíble, en menos de una semana Cobreloa había hecho lo que ningún equipo chileno había podido hacer, ganar en el Centenario, y mas encima frente a Nacional y Peñarol. A su regreso a la tierra de sol y cobre el plantel fue recibido por una multitud de hinchas enfervorizados, pues ahora el nombre de Calama y su embajador Cobreloa estaban en boca de todo el continente.

Esa semana el nombre de Washington Olivera quedo inscrito para siempre en la historia de Cobreloa y del fútbol chileno, pero, lo que él uruguayo no sabía, es que su gol provoco la furia de los hinchas carboneros, quienes en una turba fueron a apedrear la casa de sus padres. Todo el ventanal principal de su hogar de infancia resulto destruido, la puerta de madera termino hundida por las decenas de patadas. –“Olivera y la puta que te pario”, caía una piedra, –“puto de mierda”, y se venía otro proyectil, – “ahora sos chileno cagón hijo de puta”son algunas de las cosas que gritaban los atacantes. Mientras en el interior de la vivienda: – “Dejá diva, que hagan lo que quieran estos mayas hijos de puta. Nosotros tenemos a nuestro hijo que nos da gloria”, dijo Héctor Olivera mientras calmaba los llantos de pánico de su esposa Doralina. Para luego retirar las piedras que quedaron en el interior de su casa, si hasta caca de caballo les lanzaron, además de escribir en la entrada “chileno puto”. Ese fue el costo personal que tuvo Olivera por hacer ese gol, algo que no debería pasar.

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